Por: Christina Gómez Echavarría

Pasadena, California, Estados Unidos

La educación tradicional pide, a gritos, un cambio. La tecnología ha cambiado la sociedad, las personas y las industrias, incluida la educación superior y la gente se ha dado cuenta de que existen nuevas y mejores maneras de aprender. Y las empresas quieren personas que sean buenas en lo que hacen.

El modelo de Educación Basada en Competencias, conocido como EBC, puede ser una manera de lograr ambas cosas.

El objetivo principal de Blackboard es ayudar a las instituciones a enseñar mejor y a capacitar a los estudiantes para que aprendan de manera óptima, al mismo tiempo que integran a la tecnología con la educación. Y para ello, hace diez años invitaron a Karen Yoshino abordo. Ella es una experta en EBC: ese “modelo de instrucción, evaluación, clasificación e informes académicos basado en la demostración de que los estudiantes han aprendido los conocimientos y habilidades que se espera aprendan a medida que progresan”.*

Esta especialista ayuda a orientar a las instituciones para implementar EBC a través de un proceso de deconstrucción del plan de estudios existente y su reconstrucción posterior en un marco de EBC. También trabaja para alinear evaluaciones y desarrollar rúbricas** eficaces que ayuden a preparar a la institución para la entrega de EBC.

E-learn: ¿Cómo empezó a promocionar la metodología EBC y qué es lo que hace actualmente?

Karen Yoshino: Voy a referirme a la época en que por primera vez expuse el concepto de resultados educativos. Fue cuando las comisiones de acreditación comenzaron a establecer rúbricas diseñadas para definir lo que los estudiantes saben, piensan o son capaces de hacer como resultado de su programa educativo. Al mismo tiempo, esas comisiones esperaban que las propias instituciones fueran las que midieran qué tan bien se desempeñaban los programas educativos con dichas rúbricas, y que luego las usaran para mejorar esos programas. Trabajé en un par de instituciones en donde ayudé a desarrollar estrategias sistemáticas para definir y medir los programas. También trabajé en el programa SAT del College Board, donde aprendí que las pruebas a gran escala no eran precisamente de mi gusto. La buena suerte y un artículo en Inside Higher Education me llevaron a Blackboard, donde comencé a trabajar como experta en evaluaciones de resultados. Eso fue hace diez años. Cuando EBC comenzó a surgir, me fascinó la relación entre la evaluación de resultados y la educación basada en competencias. Lo que me fascinó fue que EBC usó el mismo concepto basado en los resultados para medir el desempeño de los estudiantes, en lugar del desempeño del programa.

Cuando los debates sobre EBC crecieron, comencé a estudiar esa metodología. Un colega de Blackboard y yo comenzamos a colaborar con el Consejo Americano de Educación para desarrollar un léxico para EBC, porque la gente apenas estaba tomando conciencia de lo que era ese método y de cómo funciona. Esa fue mi primera introducción a EBC: era más del lado de la investigación.

Pero después de notar cómo EBC estaba despegando en universidades de los Estados Unidos, sugerí a Blackboard desarrollar un conjunto de soluciones para esa metodología. Es más, queríamos construir un portafolio de soluciones, porque el método semejaba ser muy complejo: el alcance de EBC va más allá del aspecto académico de una institución que va a implementar un programa basado en competencias. Y, además, puede cambiar las prácticas en toda la institución: es un literal cambio de juego.

Ahora hemos formado un equipo de EBC que puede ayudar a las instituciones desde la planificación del método, a través de la entrega y definición de competencias para el desarrollo de cursos o módulos en Blackboard Learn –o, según el caso, en el LMS que la institución esté utilizando. Las definiciones de las competencias y la alineación de las evaluaciones son mi área de especialización. Ayudo a mis clientes a crear un marco EBC. Al trabajar con líderes académicos, profesores, directores de programas y personal de apoyo académico, implementamos un proceso de deconstrucción de planes de estudio y de reconstrucción de ellos en un marco EBC, proporcionando un modelo lógico para conectar competencias con contenido y evaluaciones. A través de este proceso, los clientes disfrutan ahora de una metodología replicable para montar el sistema EBC en otros programas. También les ayudo a alinear las pruebas existentes con las competencias, así como a crear rúbricas eficaces para medir sus competencias. La idea de EBC es darles a los estudiantes un claro objetivo de aprendizaje y un camino para llegar allí.

 

E.L: ¿Hay algo adicional que las instituciones deban hacer para implementar un programa de EBC?

K.Y: Sí, definitivamente. EBC debe comenzar con un plan estratégico. Las instituciones deben trabajar con especialistas en marketing para analizar qué programas van a tener más éxito con EBC. Deben hablar con los empleadores para definir qué competencias son necesarias para sus programas de EBC. Si lo van a hacer por su cuenta, deben trabajar en estrecha colaboración con el operador para definir cómo funcionarán las competencias con los sistemas de clasificación de horas de crédito existentes. Y deben trabajar con su departamento de presupuesto para construir el modelo de negocio, incluyendo cómo van a cobrar por ofrecer la metodología EBC, por ejemplo. Las instituciones realmente tienen que involucrarse en un nivel muy alto de compromiso. Blackboard, de otro lado, ofrece servicios de planificación que se adaptan según la preferencia de los clientes: para algunos, no es una prioridad ver todo el paquete, sino que primero desean conocer lo que EBC ofrece académicamente y, en estos casos, es probable que quieran comenzar con un marco curricular primero, con el fin de lograr una visión sólida de la perspectiva académica en que se mueve EBC.

E.L: Eso significa que la decisión de una institución de implementar un programa de EBC necesita realmente una gran determinación y mucho trabajo duro. ¿Por qué cree que los programas de EBC son el camino a seguir?

K.Y: Primero, porque hacen que la tarea de aprendizaje y logros sea realmente clara para los estudiantes, al tener una sólida comprensión de lo que deben dominar para obtener los respectivos créditos por la lección aprendida. Como dije antes, si los estudiantes tienen una meta de aprendizaje, y su aprendizaje (incluyendo contenido, evaluaciones y flujos de trabajo en tecnología) se enfoca en esa meta –junto con la habilidad del alumno para ver dónde está, a medida que avanza a través de los diferentes competencias en un programa–, es mucho más probable que tengan éxito que si hay una lista más amplia de objetivos y resultados. En segundo lugar, EBC abre un camino para que la educación superior llegue a nuevas poblaciones de estudiantes –como los adultos que trabajan, por ejemplo–, para avanzar en sus profesiones o desarrollar un nuevo conjunto de habilidades, y que no pueden permitirse el lujo de asistir a clase tres veces a la semana, con todo lo que eso implica. Por último, ofrece un enfoque alternativo al modelo tradicional de educación superior (que ha estado bajo fuego en términos de rendición de cuentas, accesibilidad y la necesidad de una fuerza de trabajo educada). Utilizo el artículo de 1995 de Barr & Tagg, de Change Magazine, para ilustrar esta alternativa. En este artículo, los autores hablan de un nuevo paradigma enfocado a producir aprendizaje al diseñar ambientes eficaces para construir el conocimiento de los estudiantes, y en los que el entorno está listo cuando el alumno está listo. Estos ambientes fueron diseñados para ayudar a los estudiantes a progresar. Creo que este paradigma cambiante es la barrera más grande que la gente tiene que superar.

E.L: ¿Las instituciones siempre tienen que empezar desde cero para crear las evaluaciones que se alinean con las competencias?

K.Y: Normalmente, no. La mayoría de las evaluaciones de cursos existentes pueden ser reutilizadas y utilizadas dentro del marco de EBC. Solo necesitan estar alineadas con las competencias y, en muchos casos, necesitan rúbricas desarrolladas para evaluar el desempeño en las competencias. Pero en algunos casos, sí: podrían tener que hacer nuevas evaluaciones. Por ejemplo, si las evaluaciones existentes están midiendo un bajo nivel, es posible que tengan que ser rediseñadas para reflejar una categoría superior.

E.L: ¿Puede explicar lo que significa que ya existan evaluaciones relacionadas con ciertas competencias?

K.Y: Me encanta alinear las evaluaciones existentes dentro del marco EBC, porque cuando lo hacemos se demuestra cómo las pruebas, por ejemplo, ya están midiendo competencias. Esto es divertido porque desarrollar la evaluación y el objetivo del curso puede ser hecho por los profesores a través de flujos de trabajo separados. Es como cuando una hoja expuesta de papel fotosensible se lava en la solución de revelado: ¡la imagen aparece!

Una vez que los programas han acordado un conjunto de competencias y sub-competencias que reflejan el programa, pasamos a la siguiente etapa de alinear las evaluaciones con las competencias. En este lapso vemos cómo las evaluaciones existentes están alineadas, pero también podemos ver si hay alguna brecha: ella nos dice dónde necesitamos crear nuevos ítems de evaluación. Hacemos la misma actividad de alineación con ‘asignaciones’ escritas, que en realidad son una forma de evaluación. Las alineamos con las competencias, pero la diferencia aquí es que normalmente necesitamos crear rúbricas para valorarlas.

El cambio es el mayor desafío para las instituciones. Aunque la educación superior ha sido generalmente resistente al cambio, me sorprende ver el rápido crecimiento del número de instituciones que ahora están avanzando hacia la educación basada en competencias.

E.L: ¿Todas las evaluaciones tienen que ser objetivas? ¿Qué sucede cuando una evaluación debe ceñirse a una pregunta abierta o una investigación?

K.Y: Utilizamos las preguntas ‘objetivas’ y ‘abiertas’ en EBC. Los elementos de la prueba objetiva (opción múltiple, verdadero / falso, rellenar los espacios en blanco, hacer coincidir, ordenar, etc.) tienen una respuesta ‘correcta’, lo que los hace muy susceptibles a las evaluaciones formativas al poder ser calificados automáticamente para que los estudiantes reciban retroalimentación rápida sobre su desempeño. La intención de las evaluaciones formativas es preparar al estudiante para abordar las evaluaciones acumulativas. Por lo general, estas últimas están basadas en discusiones, en investigaciones, en análisis, etc., y requieren un esfuerzo más complejo por parte del estudiante pero no tienen una ‘respuesta correcta’ en el sentido de que sea una objetiva de la prueba. En estos casos usamos rúbricas para medir el desempeño del estudiante. En mi concepto, dichos rúbricas son un ‘proxy’ para la ‘respuesta correcta’, al utilizar razonamientos específicos que verifican el dominio de la competencia asociada con la evaluación.

 

E.L: He leído que las desventajas de un programa de EBC son que hay ciertos temas que no pueden ser competencias. Como la literatura o la historia. No se puede medir eso como una competencia, porque no es objetivo. ¿Es verdad?

K.Y: Eso no es cierto. Cualquier disciplina puede expresarse en un marco basado en competencias. Usted solo tiene que entender cómo expresar esa disciplina en términos de conocimiento y habilidades que el estudiante tendrá como resultado de participar en esa disciplina.

E.L: Si EBC ha existido por tantos años, ¿por qué se está volviendo tan popular ahora?

K.Y: El avance de la tecnología es lo que ha hecho que EBC despegue recientemente. Las universidades pueden aprovechar ahora el poder tecnológico para utilizar esa metodología en un ambiente de ritmo propio con retroalimentación granular sobre su progreso. La tecnología ha hecho que los flujos de trabajo y las estructuras de CBE sean manejables y sostenibles para las instituciones.

E.L: ¿Puede explicar un poco más por qué la tecnología es tan útil para los programas de EBC?

KY: La mejor manera es pensar en cuántos documentos de word, hojas de cálculo y mensajes de correo electrónico –con todo el tiempo y el esfuerzo que significa elaborarlos– se necesitarían para organizar y entregar contenido, así como para rastrear cada competencia por estudiante y por puntuación de evaluación (tanto formativa como sumatoria) y luego transferir esas puntuaciones a una lista maestra antes de emitir calificaciones. Sería una pesadilla.

La tecnología, en cambio, permite configurar el sistema para hacer todas esas cosas. Y el factor más importante es que usted es capaz de aprovecharla para asociar las competencias y sub-competencias con el contenido, las evaluaciones y la retroalimentación a los estudiantes.

Un ejemplo rápido: cuando los estudiantes participan con evaluaciones formativas –como preguntas de opción múltiple–, ellas pueden ser calificadas automáticamente y dar una retroalimentación inmediata para que el alumno sepa qué hacer y, a la vez, revisar o avanzar en el nivel de evaluación acumulativa.

Después, cuando usted consigue evaluaciones auténticas, es probable que vaya a necesitar rúbricas para valorar cada una de las competencias y sub-competencias involucradas. La tecnología le permite leer una tarea en línea, calificarla usando la rúbrica en línea y obtener rápidamente calificaciones. Esto ahorra tiempo al instructor en el procesamiento de las puntuaciones y la retroalimentación a los alumnos.

E.L: ¿Cuáles son las mayores dificultades para que una escuela implemente los programas de EBC?

K.Y: Yo diría que el cambio es el mayor desafío para las instituciones. Aunque la educación superior ha sido generalmente resistente al cambio, me sorprende ver el rápido crecimiento del número de instituciones que ahora están avanzando hacia la educación basada en competencias. El cambio es el mayor desafío porque implica transformaciones en la práctica y en toda la institución. Anteriormente hablé sobre los cambios necesarios en la comercialización, las admisiones, la secretaría, la tesorería, la asistencia a los estudiantes, etc., así como la manera cómo estas funciones trabajan en conjunto. Este trabajo multifuncional sugiere cambios en la planificación, la gobernanza, el liderazgo, las comunicaciones y, con frecuencia, en el uso de la tecnología. Desde una perspectiva académica, EBC significa un cambio en el diseño y la entrega del currículo, en las estrategias de evaluación, en las prácticas de soporte a los estudiantes y en cómo se otorga el logro. Así que aunque el reto y la dificultad del cambio son reales, CBE energiza el impulso de innovar entre los profesores y los líderes académicos. Y ellos están ansiosos de probar nuevas estrategias, especialmente si benefician a los alumnos. Como educadora, este es el momento más emocionante para estar en la educación superior.

E.L: ¿Cuáles son los principales errores que se cometen al implementar EBC?

K.Y: Uno de los más comunes que veo es que las instituciones comienzan a preocuparse demasiado por la tecnología. Creen que solo ella garantizará la calidad de EBC. Pero ellas no han pensado en el diseño, el flujo, las prácticas y la estructura de su modelo EBC. Mi consejo es primero desarrollar el modelo de modo que pueda evaluar los beneficios de varias tecnologías que lo soporten.

E.L: ¿Por qué EBC es bueno para industrias, empleadores y para futuros trabajos de los estudiantes?

K.Y: Los empleadores se han estado quejando de carencia de habilidades entre su fuerza de trabajo. Debido a que muchos programas de EBC (debidamente desarrollados) han trabajado con los empleadores para definir las habilidades que necesitan, este problema se minimiza. Las empresas pueden ver qué habilidades obtendrán en un empleado que ha sido capacitado a través de un programa basado en competencias y también estar seguras de que esas habilidades se han logrado en un nivel de maestría indicado.

Muchos programas de EBC se centran en las habilidades de empleo –a menudo en forma de certificados especializados o micro-credenciales. Este es un gran beneficio para estudiantes adultos que están trabajando en un sector determinado, pero que a la vez necesitan desarrollar sus habilidades para avanzar en sus carreras.

E.L: ¿Y cuáles son los beneficios para las instituciones?

K.Y: Nuevos programas y nuevos modelos de evaluaciones otorgan a las instituciones la capacidad de atraer y servir a nuevas poblaciones de estudiantes. Esto significa ingresos, especialmente en un ambiente en donde la población de estudiantes de edad tradicional, y la financiación estatal, están en declive. Los estudiantes adultos pueden salvar ese desafío. He leído que hay más de 45 millones de adultos mayores de 25 años que tienen alguna experiencia universitaria, pero no grado. ¡Es un mercado enorme!

E.L: ¿Cree que EBC es el futuro de la educación?

K.Y: Lo espero, y no solo porque me apasiona, sino que los números parecen indicar que tendrá un lugar destacado en el futuro de la educación superior. A diferencia de MOOCS, existe acá una teoría subyacente y una propuesta de valor. Es un cambio de juego de formas fundamentales y no solo una forma de ampliar la experiencia educativa en cursos seleccionados. CBE engloba el fuerte argumento de que aporta valor a los estudiantes, a las instituciones y a los empleadores.

*Karen Yoshino, Principal Strategist at Blackboard

*Fotos por: AFP Kyle Grillot

* Definición de CBE, según The Glossary of Education Reform.

** Una rúbrica es una guía que enumera criterios específicos para calificar o calificar trabajos académicos, proyectos o exámenes, según el diccionario en línea de Merriam-Webster.