Por Juan Felipe Guerrero C.

Buenos Aires, Argentina

Argentina vivió una de sus etapas sociales y políticas más terribles de su historia en 2001. En el marco de una crisis económica que se extendió entre 1998 y 2002, la noche del 19 y el 20 de diciembre de 2001, ocurrió una revuelta popular llamada ‘el Cacerolazo’, que causó, entre otras cosas, la renuncia del presidente Fernando de la Rúa, quien previamente había decretado el estado de sitio.

Luego de la salida de de la Rúa, Adolfo Rodríguez asumió la presidencia interinamente durante siete días; y Eduardo Duhalde, también interino, por poco menos de año y medio. Ya en 2003, Néstor Kirchner asumió la presidencia democráticamente hasta 2007, y su esposa, Cristina Fernández de Kirchner, lo precedió por dos períodos completos, hasta 2015.

Actualmente, el país atraviesa un nuevo periodo de transición económica y social. Tras más de 15 años de estar gobernados por el Partido Justicialista (de ideología laborista y de posición centro izquierda), el 10 de diciembre del año pasado, las ideas liberales-económicas y de centro-derecha tomaron las riendas del país, con la elección de Mauricio Macri.

Académicamente, Argentina también pasó por un bache durante esos años de incertidumbre política y recesión económica. Las universidades entendieron que el siguiente paso de la educación estaba ligado a la tecnología, más propiamente a la educación online. Tal es el caso de la Universidad de San Andrés, una institución ‘joven’, fundada en 1988, pues hace aproximadamente ocho años empezaron a preocuparse por fomentar propuestas educativas ligadas al e-learning.

Este proceso de reestructuración curricular y organizacional de la Universidad de San Andrés, con base en la tecnología, arrancó en 2007, durante la salida de Néstor Kirchner y la entrada de Cristina Fernández a la Casa Rosada. “La universidad tenía un repositorio donde se alojaban algunos contenidos, pero estos solo podían descargarse; no teníamos aulas interactivas ni otro tipo de intercambio”, me cuenta Alejandro Artopoulos, Director del Laboratorio de Tecnologías del Aprendizaje en la Escuela de Educación de la universidad. “Se entendió la necesidad de empezar a realizar un mejor uso de herramientas y software educativos en pro de complementar la educación tradicional”.

Pero lo que comenta Alejandro no era una tarea fácil. La ecuación es sencilla: si el país atraviesa por una desestabilidad política, lo económico y lo social también se verán afectados. De hecho, en el último tercio de 2015, Argentina ocupó el tercer lugar de los países con mayor desempleo de Suramérica, solo por encima de Colombia y Venezuela. Y la academia también recibió su golpe, pues el flujo de dinero no era el deseado.

Sin embargo, pese a la situación de Argentina, la Universidad de San Andrés hoy en día se posiciona como una de las más sólidas de la región sur del continente: es una de las universidades privadas del país con mayor cantidad de becas para sus estudiantes; 900 de sus graduados residen y trabajan en el exterior (principalmente en EE.UU. y el Reino Unido); y en cuanto a salida laboral, el 82% de sus graduados encontró trabajo en menos de tres meses, el número más alto en las universidades argentinas. Una cifra tan sorprendente como interesante.

Alejandro me cuenta que una de las características más representativas de su universidad es ser una institución innovadora, con un perfil muy distinto a sus semejantes. “Nosotros seguimos un modelo educativo de tradición anglosajona: los estudiantes de grado durante los dos primeros años comparten un tronco común de materias y después se especializan”, dice. “Es una malla curricular humanista, enfocada a la investigación. Los profesores que damos clase, la mayoría tenemos experiencia en investigación. Definitivamente no somos una universidad ‘profesionalista’”.

Con el fin de promover su ideal investigativo, el proyecto de implementación de tecnologías para la educación online tiene un objetivo fundamental en la Universidad de San Andrés: incorporar herramientas tecnológicas sin dañar la calidad de la enseñanza investigativa, pensando la mejor forma de no caer en tener que acotar las capacidades de los profesores. La torta del modelo educativo actualmente está determinada en 30% virtual y el 70% presencial. “Prácticamente la mitad de las horas de clase de todos los estudiantes están bajo este formato. No es un piloto sino un programa establecido”, enfatiza Alejandro, mientras bebe su infusión de yerba mate.

Se entendió la necesidad de empezar a realizar un mejor uso de herramientas y software educativos en pro de complementar la educación tradicional.

Actualmente, el LMS utilizado por la Universidad de San Andrés es Moodle. Ellos, internamente, actualizan y administran el hosting, y tienen el sistema implementado con varias herramientas de diversas empresas: una para conferencias en línea, otra para repositorio de materiales, otra para las evaluaciones, etc. Lo que a la larga termina convirtiéndose en un gasto mayor de dinero y en una mayor dificultad para su gestión general.

Y es algo que el mismo Alejandro sabe. Es completamente consiente que lo ideal sería tener un sistema que pueda encargarse de la mayoría de las tareas relacionadas al e-learning; uno en la que se maneje mediante ‘Software as a service’. “Hemos estudiado diferentes soluciones. Probablemente en un futuro cercano vamos a unificar el sistema. Pero como estamos en situación de cambio institucional (el rector actual fue designado Juez de la Corte Suprema de Justicia), hay que esperar un poco. Además, depende de los tiempos de inversión. En la Argentina estamos en un tiempo de recesión que impide grandes inversiones”, concluye, quien confía a la par en que Macri hará lo posible por mejorar la situación del país y que los dirigidos por Gerardo ‘Tata’ Martino serán los campeones de la Copa América Centenario en los Estados Unidos. Una apuesta doble que no se ve nada descabellada.

*Alejandro Artopoulos, Director del Laboratorio de Tecnologías del Aprendizaje en la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés.