Por: Claudia Godoy

Bogotá, Colombia

En el mundo globalizado, las empresas han tenido que afrontar nuevos retos y encarar nuevas realidades, por tal motivo, han implementado mecanismos de administración estratégica, por medio de los cuales han hecho un análisis de su entorno, formulando e implementando estrategias de largo plazo y haciendo la respectiva evaluación y control de las mismas. En un contexto en donde las empresas llevan su competencia a nuevos niveles que superan los clásicos paradigmas de la forma de hacer negocio, la gestión del conocimiento cobra una renovada importancia para el éxito de una organización.

Aunque no parece existir un común acuerdo sobre la definición de la gestión del conocimiento, podríamos decir que se trata de reconocer el conocimiento de nuestro recurso humano, organizando y estructurando procedimientos, mecanismos e infraestructura para extraer lo mejor de las personas y convertirlo en un activo empresarial que se traduzca en valor agregado para la organización. A manera de ejemplo, los japoneses hablan del método Kaizen de mejoramiento continuo, el cual se condensa en prácticas diarias que van más allá de la mejora de la productividad. Estas prácticas al implementarse adecuadamente permiten humanizar la organización, identificando las “Mudas” o procesos que no generan valor a la organización, eliminando actividades que generan trabajo innecesario (Muri) y reduciendo los desperdicios en la utilización de los recursos (Mura). Lo interesante del modelo Kaizen es la forma en que gestiona, su recurso humano para el cumplimiento de los objetivos de la organización, de tal forma, todos los niveles de la organización, desde el CEO hasta los rangos más bajos, aportan su conocimiento para la mejora continua de los procesos productivos, esto no sólo ayuda a comprender mejor la naturaleza y el desenvolvimiento de cada área de la compañía sino que genera un valor agregado de fidelidad de los trabajadores hacia la organización.

Este es tan sólo un ejemplo de cómo la adecuada gestión del conocimiento, (a través de la educación y la formación) nos permite tener ventajas comparativas en el mundo altamente competitivo de los negocios. Las mejores ideas se pueden desperdiciar si no son gestionadas adecuadamente, esto aplica no sólo para el caso de las grandes empresas sino para los seres humanos como individuos, es decir, ¿puede una gran idea convertirse en un negocio exitoso o traducirse en una mejora para una compañía sin su adecuada evaluación y seguimiento?.

Desde un punto de vista personal, la respuesta es no, la administración no sólo aplica para todos los casos de nuestra vida sino que es el punto de partida para la adecuada gestión de nuestros recursos, bien sean vistos desde un punto empresarial o personal. Por lo tanto, es de vital importancia tomar el conocimiento almacenado en los individuos, evaluarlo a la luz de un contexto y traducirlo en objetos y procesos que nos ayuden a utilizarlo de forma adecuada, para que este se traduzca en valor para la organización. A la luz de estas ideas, la espiral del conocimiento cobra una renovada importancia para las compañías, dado a que para lograr la conversión del conocimiento es necesaria una interacción entre el conocimiento tácito y el conocimiento explícito, a través de la socialización, la combinación y la internalización[1].

De tal manera, la creación y transmisión del conocimiento están interrelacionados y son esenciales para la adecuada gestión del mismo. Ahora bien, para lograr este aprovechamiento del conocimiento es necesario implementar mecanismos o instrumentos que faciliten la gestión del conocimiento.

A la luz de estas ideas, el e-learning cobra una renovada importancia en el mundo de los negocios, posicionándose como una herramienta indispensable para la adecuada recopilación, catalogación y difusión del conocimiento que permite incentivar el aprendizaje virtual, (por medio de los LMS, como Moodle o Totara) y el desarrollo de capacidades claves para el éxito de una organización. En este sentido, el conocimiento y la capacitación constante dentro de una organización se convierte en un activo de vital importancia, que al ser manejado adecuadamente permite incentivar la creatividad y colaboración de los trabajadores, brindando mayor flexibilidad a la estructura organizacional, lo que a su vez facilita la resolución de problemas, permite mejorar la eficiencia y promueve el aprendizaje organizacional.

[1] Modelo SECI de Ikujiro Nonaka& Hirotaka Takeuchi.

Por: Claudia Godoy, Analista de Gerencia en Nivel Siete

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