Por: Cecilia Correa Valdés

Bogotá, Colombia

Tal vez, es necesario partir de una hipótesis en el sentido que las tecnologías históricamente han impactado de manera importante las prácticas educativas, sucedió con la aparición de los textos escritos así como con los computadores. Nuevas tecnologías y viejos problemas parece ser la constante en la educación. Persisten las preocupaciones de los educadores en relación a cómo propiciar que sus estudiantes logren un aprendizaje significativo, colaborativo y activo, o cómo hacer para que el conocimiento adquirido en su paso por las instituciones educativas sea sólido, que no se pierda con el paso del tiempo, en otras palabras: cómo hacerle el quite al olvido.

Entonces surgen las TIC acompañadas con varios súper héroes, como el doctor Google y la tía Wikipedia, para solucionar estos viejos problemas. Sin embargo, la realidad nos ha demostrado que la calidad educativa sigue aún en cuidados intensivos. Por ello, la incorporación de herramientas tecnológicas a la formación en diferentes escenarios educativos, ha suscitado en los docentes diversas reacciones opuestas, pero igualmente peligrosas. Unos subvaloran las TIC, porque estas conllevan fuertes rasgos de instrumentalización de los procesos de enseñanza y de aprendizaje y generan en los docentes sentimientos de sentirse reemplazados por la tecnología; esta situación llega a producir en muchos de ellos una verdadera “tecnofobia”. Otros, sobrevaloran la tecnología y la plantean como la panacea para hacer realidad discursos en boga como la interdisciplinariedad, el desarrollo de competencias y el aprendizaje colaborativo.

Tan es así, que llegan a argumentar que la incorporación de herramientas tecnológicas, por si sola (como un fin en sí mismo) incrementa la calidad dela formación. La realidad, como en todo, no es blanca o negra; los caminos de la calidad están en los grises, esto quiere decir que no se puede ser reduccionista y aferrarse como tabla de salvación a la alfabetización tecnológica de los docentes como la vía expedita para solucionar los viejos problemas de la educación: la tecnología es un medio y no un fin en sí misma. Los problemas de la educación se encuentran principalmente en las prácticas docentes tradicionales, en la inflexibilidad de orientaciones metodológicas, en la ausencia de didácticas diferenciadoras, en las formas arcaicas de evaluación y en las tareas poco auténticas.

La situación problemática en general, es la falta de reflexión pedagógica más que la incorporación indiscriminada de tecnologías. Solo si se es consciente del uso pedagógico de las diferentes herramientas, estas podrán ayudar a la calidad de la educación y los docentes comprenderían que las TIC pueden potenciar esa formación, que ellos propician en sus estudiantes (nativos digitales) con los cuales hoy tienen serias dificultades de comunicación, pertenecen a mundos distintos: el estudiante se mueve, navega, se informa, interactúa en el ciberespacio y el docente se interrelaciona, se informa y aprende preferentemente por medios presenciales, no digitales.

En este sentido, se puede afirmar que la incorporación de tecnologías de la información y la comunicación a las prácticas docentes, hacen que estas cobren nuevos significados ya que la tecnología aporta muchos elementos interesantes para generar verdaderos escenarios de innovación pedagógica y didáctica. Estas prácticas renovadas, con la reflexión pedagógica y apoyadas en las TIC, al ser sistematizadas como experiencias concretas, producirán un nuevo saber pedagógico, necesario para encontrar soluciones a los viejos problemas ya enunciados y como decía Antonio Machado, el compositor español “se hace camino al andar”. Es necesario comprender que cada época de la humanidad trae sus nuevas complejidades. En estos tiempos, por ejemplo, estamos enfrentados a una “oferta global del conocimiento” (término acuñado por Alvin Toffler) planteada también como una verdadera riqueza revolucionaria del mañana, lo cual nos genera la necesidad de desarrollar nuevas competencias para encontrar, discriminar, evaluar y utilizar información global de uso abierto. Incluso las lógicas propias del pensamiento occidental, se podrían ver afectadas por nuevas lógicas de conocimiento.

Los futuros caminos de la calidad educativa, estarán sembrados de conocimientos tan diversos como el arco iris, donde no existen los colores puros. Asimismo, desaparecerá una visión unitaria de la razón, los juicios etnocéntricos estarán condenados al olvido y como es de esperar, todo esto representa un gran desafío para la legitimidad de las instituciones educativas, hoy excesivamente ritualizadas e inflexibles. Por último, es necesario no olvidar que habitamos, soñamos y nos educamos en un mundo cambiante, plagado de incertidumbres y ambigüedades, donde lo único seguro es que no hay nada seguro.

Por Cecilia Correa Valdés: Bióloga de la Universidad Católica de Chile, Especialista en docencia universitaria – Universidad de la Habana Magister en investigación y Tecnología Educativa – Universidad Javeriana; Doctora en Ciencias Pedagógicas Universidad Cienfuegos Cuba. Profesora titular de Unibagué y directora del Centro de Innovación Educativa ÁVACO.

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